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Alimentación saludable
Alimentos funcionales
Los alimentos “funcionales” existen y no se anuncian en la tele ni en las revistas. Se llaman pimientos, acelgas, espinacas, nueces, pollo o ternera.
14/04/2014 -
 

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Una sola sardina tiene el equivalente a casi seis litros de leche enriquecida con Omega3.

No debes sentirte desplazado por tus amistades. Ellos son los mismos de siempre, aunque se encuentren más ocupados de lo normal. Disculparás también a esa gran amistad que no te llama porque está enamorada.

Los alimentos “funcionales” existen y no se anuncian en la tele ni en las revistas. Se llaman pimientos, acelgas, espinacas, nueces, pollo o ternera. De hecho, una sola sardina tiene el equivalente a casi seis litros de leche enriquecida con Omega3.

Así lo ha asegurado en una entrevista con Efe, la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui, autora del libro “Consume y Calla”, con el que pretende “desenmascarar” a una industria que se lucra con productos “saludables” y “funcionales” y cremas que nos hacen parecer eternamente jóvenes y que, sin embargo, no mejoran nuestra salud.

Bífidos, omegas, filoestenoles, aminoácidos, lactobacilos, grasas hidrogenadas, antioxidantes o sirtuinas son palabras mágicas con las que nos bombardean desde los anuncios y los estantes de los supermercados.

Todos hemos oído hablar de ellos y, aunque no sepamos qué son exactamente o cómo actúan en nuestro organismo, somos capaces de dejarnos medio sueldo en adquirirlos, señala la experta.

Gutiérrez revela cómo las empresas utilizan “múltiples trucos” que juegan con la sintaxis, las palabras o las imágenes para que el mensaje percibido por el consumidor sea el que les interesa.

La industria cuenta, además, con la baza de que la mayoría de la gente confía ciegamente en los mensajes que aparecen en los medios de comunicación. Si algo se anuncia en la tele tiene que ser verdad.

Pero, “¿cuántos de esos productos llevan el aval del Colegio de Médicos?”. “Ninguno”, asegura la psicóloga, que anima a los consumidores a comprobar quién está detrás de muchos de los logos que se ven en los productos. “Miren y se sorprenderán”.

En su libro, Gutiérrez acuña el término “gordofobia” para referirse a la obsesión de la sociedad occidental por la delgadez y por la perfección física, que constituye el “Santo Grial del siglo XXI”. Un público perfecto para un mercado que genera al año miles de millones de euros.

La experta advierte sobre aquellos productos que llevan la etiqueta “bio” o “eco”, muchos de los cuales se autocalifican como tales y no lo son. Los supermercados están también llenos de los denominados productos “light”, que “no son más sanos ni sirven para adelgazar”.

Ese concepto “significa única y exclusivamente que tiene un 30 por ciento menos de grasa que el producto original, cosa que no todos cumplen”. Pero el tipo de grasa que te estás metiendo en el cuerpo es el mismo.

Para esta especialista, “no deberían ser las calorías lo que miremos sino los alimentos. “¿O es que nadie se da cuenta de que 200 calorías de tortilla de espinacas son más saludables que 200 calorías de gominolas?”.

“Es fundamental estar bien informados y que haya una regulación sensata en materia de publicidad y alimentación o, por lo menos, que se garantice el correcto cumplimiento de la normativa existente”, señala Gutiérrez, quien apela a la responsabilidad de los medios.


 
 
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