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HÁBITOS ALIMENTARIOS Y EVALUACIÓN DEL ESTADO NUTRICIONAL DE LA POBLACIÓN INMIGRANTE

Resumen.
1. Introducción.
2. Objetivos.
3. Métodos.
     3.1. Estudio dietético.
     3.2. Estudio antropométrico.
     3.3. Tratamiento estadístico.

4. Resultados y discusión de resultados.
     4.1. Estudio dietético.
      4.1.1. Consumo por grupos de alimentos.
      4.1.2. Ingesta de energía y nutrientes y adecuación a Ingestas Recomendadas (IR)
          4.1.3. Perfil calórico.
          4.1.4. Perfil lipídico.
          4.1.5. Contribución energética de las diferentes comidas del día a la energía total diaria.
     4.2. Estudio antropométrico.
5. Conclusiones.
6. Referencias bibliográficas.
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4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS.

4.1. Estudio dietético.

4.1.1. Consumo por grupos de alimentos.

El grupo mayoritariamente consumido tanto en mujeres como en hombres es el de leche y derivados (332±160 g y 289±143 g, respectivamente), probablemente debido al mayor contenido de agua de este grupo de alimentos (Tabla 2). Le sigue el grupo de verduras y hortalizas, con un consumo de 183±131 g en mujeres y 274±263 g en hombres.

Tabla 2: Grupos de alimentos: Ingesta media (g/día).

Como se observa en la Tabla 2, los hombres presentaron un consumo superior de cereales y derivados, huevos, verduras y hortalizas, carne y derivados, bebidas alcohólicas, bebidas sin alcohol, condimentos y aperitivos, aunque las diferencias no llegaron a ser significativas. Las mujeres consumieron más leche y derivados, dulces, grasas y aceites, legumbres, frutas, pescado, aunque tampoco se encontró significación estadística.

Aunque no se efectuó un estudio pormenorizado por alimentos, el procesamiento de datos mostró que tras el proceso migratorio, los inmigrantes conservaban unos hábitos alimentarios propios de la cultura de origen, reflejados en las recetas culinarias utilizadas en la elaboración de las comidas, a la vez que modificaban otros.

El consumo de frutas y verduras es uno de los aspectos más relevantes en la promoción de una dieta saludable, tanto en la edad adulta como en la infancia. Para la población española se recomienda un consumo mínimo de 300 g/día de verduras y hortalizas, y de 400 g/día en el caso de las frutas (Aranceta J, 1995). Estas recomendaciones no se alcanzan en ninguna de las muestras, especialmente en las mujeres, donde el consumo medio de verduras es de 183,1±131,8 g/día; y de 193,0±207,9 g/día el de frutas. En este sentido, el abandono del hábito de consumir zumos de fruta naturales durante las comidas, referido en otros estudios realizados en población latinoamericana, y el incremento del consumo de bebidas dulces (zumos envasados y refrescos), observado en otros colectivos de
inmigrantes, podría estar influyendo también en esta muestra en unas ingestas inadecuadas de fruta fresca (Instituto de Salud Pública, 2003).

Una de las características de las actuales dietas occidentales es un excesivo consumo de alimentos de origen animal, que se pone de manifiesto en los consumos registrados en la muestra de carnes y productos cárnicos (174,7±116.7 g/día en mujeres y 199,9±147,2 g/día en hombres), similares cuantitativamente a los datos de consumo de la población española (Varela y col, 2008).

Con un menor consumo total de alimentos, valorado en gramos, con respecto al consumo del panel de consumo alimentario (2008) llama la atención que, sin embargo haya grupos de alimentos con un mayor consumo como es el caso de las legumbres en los que la media nacional fue de 8,6 g, inferior a los casi 29 g de las mujeres extranjeras de este trabajo y a los 17 g de los hombres, cifras que sin embargo, parecen ajustarse a las 4 raciones semanales detalladas en el estudio de inmigrantes realizado por el MAPA recientemente (MARM, 2007; Varela y col 2008).

Existe un bajo consumo de pescados y mariscos, ya que este grupo de alimentos no entra a formar parte de los más consumidos en la cocina de origen de la población sudamericana-sobre todo en las zonas no costeras-, con el mayor peso en la muestra estudiada.

El consumo de precocinados también resulta inferior al encontrado en el consumo nacional, lo que puede estar relacionado con el nivel socioeconómico de la muestra estudiada (Varela y col, 2008).

Es de destacar el elevado consumo de bebidas no alcohólicas consumidas entre la población, que coincide con lo encontrado en otras poblaciones semejantes. Así, en otro estudio de población inmigrante de la Comunidad de Madrid se refiere una sustitución de los zumos de fruta por bebidas carbonatadas entre los ecuatorianos y colombianos (Instituto de Salud Pública, 2003).

4.1.2. Ingesta de energía y nutrientes y adecuación a las Ingestas Recomendadas (IR).

No se observaron diferencias significativas en la ingesta de energía y nutrientes en mujeres y hombres (Tabla 3). El consumo energético medio fue de 1.916 ±618 Kcal en mujeres, contenido inferior que la muestra de los hombres (2.089±672 Kcal), aunque sin significación estadística.

Tabla 3. Media y distribución en percentiles de la ingesta diaria de energía y nutrientes.

En ambos casos, la ingesta de energía media es inferior a las recomendaciones, especialmente en los hombres (p<0,05), en los que supone un 70,4±22,8% de las IR (un 85,3±27,6% en las mujeres (p<0,05) (Tabla 4).

Tabla 4. Media y distribución en percentiles de la adecuación de la ingesta diaria a las Ingestas Recomendadas (IR).

La ingesta de proteínas en la muestra total superó la IR, tanto en chicos como en chicas (153±51,1 % y 188±76,3 %, respectivamente), aunque en ningún caso con significación estadística.

Con respecto a la ingesta de micronutrientes se encuentran diferencias entre sexos en el aporte de hierro a las IR (mujeres 67,6±37,2%; 114,6±49,9% en hombres; p<0,01) y en el de vitamina B2 (113.9±61.8% mujeres; 80,8±32,5% en hombres; p<0,05). La diferencia es casi significativa para la vitamina B1.

En las mujeres las ingestas medias de hierro, magnesio, zinc, potasio,ácido fólico, vitamina D y vitamina E no alcanzaron el 80% de las IR (Tabla 4) y en los hombres no alcanzaron este valor las ingestas de magnesio, zinc, ácido fólico, vitaminas B2, A y D. En las mujeres, la ingestas medias de calcio, y vitaminas B6 presentaron una situación marginal (80-90% IR). Por encima de las IR se encuentran las ingestas de fósforo, niacina, vitamina B1 2 y vitamina C en hombres y mujeres.

Al realizar el análisis de la dieta es importante recordar que, cuando la ingesta media diaria de un grupo no alcanza el 80% de las IR, la situación se puede considerar como deficitaria, aunque es recomendable confirmar esa desviación con estudios individuales bioquímicos, antropométricos y clínicos (Carbajal A, 2003).

Las ingestas de energía fueron inferiores a las encontradas en el último estudio de inmigrantes del MARM (Varela G, 2009) en el 2009 aunque la comparación no es totalmente correcta, al usar dos métodos distintos de recoger la información sobre la ingesta dietética: recuerdo de 24 horas en la muestra de este trabajo y fecuencia de consumo en la dirigida por el MARM. La adecuación media a las ingestas recomendadas de energía fue deficiente, especialmente en los hombres, en los que prácticamente no se llegó a cubrir las recomendaciones en prácticamente la totalidad de la muestra. Este
resultado tan preocupante podría ser debido a varias causas:

- Una infraestimación de la ingesta energética por la dificultad de lenguaje al expresar lo comido el día anterior.
- Una sobreestimación de la actividad física realizada por el entrevistado.
- Una infraestimación de los ingredientes de las recetas que los entrevistados utilizan en la preparación de sus platos, por parte del personal encargado de la codificación de las mismas.
- Un reflejo de bajo consumo en general de los distintos grupos de alimentos.

Para aclarar este tema resulta necesario un conocimiento más profundo de los hábitos alimentarios de los inmigrantes así como de las recetas más utilizadas por los mismos para favorecer y facilitar la codificación de recuerdos, disminuyendo los sesgos. Ante la falta de información disponible en la actualidad, nuestro grupo de investigación está trabajando en esa línea.

La elevada cobertura de las IR de proteínas concuerda con el modelo de consumo que viene caracterizando las dietas de las sociedades desarrolladas y que se manifiesta incluso en el caso de la muestra inmigrante. Este dato es importante ya que un exceso de proteínas podría favorecer el desarrollo de osteoporosis, por lo que parece prudente no superar el doble de las recomendaciones aconsejadas (Heaney RP y col, 2008).

En numerosos estudios se ha puesto en evidencia los beneficios de fibra para la salud (Bingham y col, 2003; Meyer y col, 2000). La disminución en el consumo de cereales en general, y de formas integrales en particular, hace necesario que la ingesta recomendada de fibra se sitúe por encima de 25 g/día. En nuestro estudio, ninguna de las submuestras alcanzó dicha recomendación. Actualmente, en España la ingesta de fibra es baja a pesar del elevado consumo de frutas y verduras. En nuestro estudio, el consumo de fibra está incluso por debajo del consumo nacional debido al bajo consumo de cereales, verduras y hortalizas (Varela y col, 2008).

La presencia de varias deficiencias en micronutrientes, descritas en los resultados sitúan a esta población inmigrante como un grupo de especial riesgo nutricional que requiere un seguimiento específico. Hay que tener en cuenta que una nutrición inadecuada puede afectar negativamente no sólo a la salud sino también a la capacidad de trabajo, atención, memoria y rendimiento físico del trabajador, lo que incidirá indirectamente en la productividad. Según algunos estudios, la productividad de quien se nutre de forma deficiente puede reducirse hasta un 20% (Wanjek C, 2005).

Las coberturas deficitarias de la IR de vitamina D dietética en todas las submuestras podrían estar indicando un consumo insuficiente de leche y derivados lácteos y de pescados, en particular grasos. Pero para valorar el estado nutricional de esta vitamina sería necesario valorar la procedente de la síntesis solar que, en nuestro país constituye la principal fuente de este nutriente (Cuadrado C y col, 2003).

4.1.3. Perfil calórico.

La contribución energética de los macronutrientes y el alcohol a la energía total de la dieta no presenta diferencias significativas entre la muestra de chicos (17±6% de proteínas, 34±9% lípidos, 47±1% hidratos de carbono y 2±6% del alcohol) y la de chicas (16±4%, 37±8%, 47±8% y 1±2%, respectivamente) ( Tabla 5).

Tabla 5. Media y distribución en percentiles del perfil calórico (% energía total de la dieta).

El perfil calórico se aleja del recomendado lo que podría estar contribuyendo al asentamiento de hábitos inadecuados. Como media todos los participantes presentaron un elevado aporte de lípidos, de manera que la contribución energética de los lípidos a la energía total de la dieta superó el valor recomendado del 30% en toda la muestra. Por otra parte, la contribución de los hidratos de carbono a la energía total no alcanzó en ningún caso el valor recomendado del 50-55% de la ingesta energética total.

4.1.4. Perfil lipídico.

El aporte calórico de las diferentes grasas al total de la energía no presenta diferencias significativas entre la muestra de hombres (AGS 12±5%; AGM 12±3%; AGP 7±3%) y de mujeres (AGS 14±4%; AGM 13±3% y AGP 6±3%) (Tabla 6).

Tabla 6. Media y distribución en percentiles del perfil lipídico (% energía total de la dieta).

En España, se recomienda que los AGS aporten entre un 7% y 8% de la energía total de la dieta, los AGP hasta un 5% y que el resto (15%-20%) proceda de los AGM (Moreiras y col, 2007). Sin embargo, a pesar de que la contribución energética de las grasas monoinsaturadas no fue demasiado pequeña, el aporte de las grasas saturadas tampoco lo fue (13,5±3,8 %) y el perfil lipídico no se adapta a la recomendación.

De estas cifras se deduce que el elevado aporte de las grasas en la dieta influyó en la contribución de las distintas fracciones de ácidos grasos, aumentando en especial los AGS y AGP.

4.1.5. Contribución energética de las diferentes comidas del día a la energía total diaria.

La ingesta dietética se reparte entre 3 y 5 comidas principales, siendo el almuerzo el responsable del mayor aporte energético (hombres: 38,1±16%;mujeres: 37,3 ±13,3%) (Tabla 7) y la comida menos omitida, siguiéndole la cena y el desayuno. Media mañana y merienda fueron consumidas por un 51,5% y un 53,9%, respectivamente. Un 32,4% de la muestra declaró tomar algo entre horas.

Tabla 7. Distribución porcentual de la ingesta energética diaria (E total) en las principales comidas del día.

La tabla 7 muestra cómo, de forma general, los participantes del estudio mantienen la importancia de la comida del mediodía o almuerzo como la principal del día, aportando más del 30% de la energía total diaria y se adaptan de forma general al patrón alimentario de los españoles, confirmando lo encontrado en otros trabajos (Varela y col, 2009).

La contribución energética media de los desayunos fue inferior al valor recomendado del 25% de la energía total diaria. Por tanto, al igual que en otros colectivos como es la población infantil, es necesario aquí incidir en la importancia de realizar un desayuno correcto. Un desayuno escaso suele asociarse a consumos inadecuados de alimentos a lo largo del día y en algunos trabajos se relaciona con una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad (Huang CJ y col, 2010).

Si bien el aporte energético del desayuno fue insuficiente, la media mañana estuvo en torno al 10% recomendado. La contribución energética del almuerzo, la merienda y la cena son adecuados pues se situaron en torno al 30%, 10% y 25%, respectivamente, porcentajes establecidos en los objetivos o guías nutricionales (Pinto y col, 2003).

La ingesta entre horas, que en nuestra muestra alcanzó como media un 13,1% y un 16,1% del aporte calórico diario, en mujeres y hombres, respectivamente, fue realizado por un 32,4% de la muestra, no parece afectar a la contribución energética de las comidas, y cenas. Estos resultados permiten una discusión positiva o negativa que requiere una valoración minuciosa. Por una parte, algunos autores sugieren que el “picoteo” entre horas podría completar el déficit energético originado por la omisión de una comida y completar la ingesta de algunos nutrientes como el hierro, magnesio, calcio y vitamina B6, lo que no ocurre con los inmigrantes de nuestro estudio que no satisfacen las IR de ninguno de los anteriores nutrientes. Por otra parte, el control de la calidad nutricional de los snacks o tentempiés puede colaborar al control de la ingesta energética excesiva, previniendo la aparición de sobrepeso (Wang YC y col, 2006).

4.2. Estudio antropométrico.

Los datos de composición corporal reflejan diferencias significativas en peso (p<0.05),talla (p<0.01) y en el Índice de Masa Corporal superiores en hombres (Tabla 8).

Tabla 8. Características antropométricas de la muestra.

La prevalencia de obesidad, definida por un IMC superior a 30 Kg/m2 (Rubio MA y col, 2007), fue de 15,9% en mujeres y 20,8% en hombres y de sobrepeso (IMC 25-30 kg/m2) 34.1% de mujeres y 37,5% en hombres. Por tanto, un 50% de las mujeres fueron catalogados con un peso por encima del considerado normal y un 58,3% de los hombres están en la misma situación. Tan sólo 2 mujeres (4,5%) y 1 hombre (4,2%) tuvieron un IMC inferior a 20 Kg/m2. El hecho de que, a pesar de las bajas ingestas observadas en los participantes, el IMC de la muestra refleja una importante prevalencia de sobrepeso refrenda la idea compartida con otros trabajos de que sobrepeso y déficit de micronutrientes son compatibles (García OP y col, 2009).

5. CONCLUSIONES.

Se deben continuar realizando nuevos estudios dietéticos que permitan completar la valoración del estado nutricional de este colectivo de población emergente, y a su vez realizar intervenciones que fomenten el uso de alimentos que incluyan los nutrientes en los que estas poblaciones son más deficitarios para mejorar la calidad de la dieta consumida, para lo que es imprescindible contar con la colaboración de la administración, industria y comunidad científica.

A pesar de la integración paulatina que hemos puesto de manifiesto con la presente investigación sobre la población inmigrante en nuestro país, no dejan de tener sus propias aspiraciones, creencias y valores. De modo que, la comprensión de todos estos valores es imprescindible para el acercamiento a este segmento de población emergente.

El comportamiento alimentario no es homogéneo para todos los grupos de procedencia, ya que aquellos procedentes de América Central y del Sur declaran una mayor integración de las costumbres culinarias españolas. Se necesitan, por tanto, estudios desagregados por población de origen así como estudios binacionales (Kiser L, 2009) -propuestos ya por otros investigadores- que estudien la situación alimentaria y nutricional de la población emigrante, en su lugar de origen y a su llegada a la de destino.

6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

1.- Cuadrado C. Dieta e inmigración. Nutr Hosp 2008;1(2): 37-39.
2.- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y ACNielsen. Hábitos alimentarios de los inmigrantes en España. Actualización 2007. Madrid, 2007.
3.- Instituto Nacional de Estadística. ESPAÑA. [accedido 2010, 21 de enero]. Disponible en URL: http://www.ine.es.
4.- Vilaplana M. Alimentación y fenómeno migratorio. Offarm. 2008; 27:6:90-93.
5.- Nielsen. Hábitos alimentarios de los inmigrantes en España. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 2004.
6.- Moreiras O, Carbajal A, Cabrera L, Cuadrado C. Tablas de Composición de Alimentos. 11ª edición. Madrid, Ediciones Pirámide. Madrid, 2007:1-227.
7.- Aranceta J. Objetivos nutricionales y guías dietéticas. Propuesta de la SENC para la población española. En: Serra Ll, Aranceta J, Mataix J. Documento de consenso. Guías alimentarias para la población española. Barcelona, SG, 1995: 127-152.
8.- Instituto de Salud Pública. Estudio del mapa alimentario de la población inmigrante residente en la Comunidad de Madrid: marroquíes, ecuatorianos y colombianos. Madrid. Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.
9.- Varela Moreiras G, JM Ávila Torres, C Cuadrado Vives, S del Pozo de la Calle, E Ruiz Moreno, Moreiras. Tuni. O. Valoración de la dieta española de acuerdo al panel de consumo alimentario.
Ministerio de Medio Ambiente Rural y Medio Rural Marino. Madrid, 2008.
10.-Carbajal A. Ingestas recomendadas de energia y nutrientes. En: MT García Arias y MC García – Fernández (eds). Nutrición y Dietética. Secretariado de Publicaciones y Medios Audiovisuales. Universidad de León, 2003: 27-44.
11.-Varela Moreiras G, JM Ávila Torres, C Cuadrado Vives, S del Pozo de la Calle, E Ruiz Moreno, Moreiras Tuni. O. Evaluación de patrones de consumo alimentario y factores relacionados en grupo de población emergentes: Inmigrantes. Ministerio de Medio Ambiente Rural y Medio Rural Marino. Madrid, 2009
12.-Heaney RP, Layman DK. . Amount and type of protein influences bone health. Am J Clin Nutr 2008 May;87(5):1567S-1570S.
13.-Bingham SA, Day NE, Luben R, Ferrari P, Slimani N, Norat T, Clavel-Chapelot F et al. Dietary fiber in food and protection against colorectal cancer in The european Prospective Investigation
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14.-Meyer KA, Kushi LH, Jacobs R, Slavin J, -sellers T, -Folsom AR. Carbohydrares, dietary fiber abd incident type 2 diabetes in older women. Am J Clin Nutr 2000; 71: 921-930.
15.-Wanjek C. Food at Work. Workplace solutions for malnutrition, obesity and chronic diseases. International Labour Organization. Geneva, 2005.
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1 8 . - Pinto JA y Carbajal A. La dieta equilibrada, prudente o saludable. Colección Nutrición y Salud. Volumen 1.Instituto de Salud Pública. Consejería de Sanidad. Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.
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20.-Rubio MA, Salas- Salvadó J, Barbany M, Moreno B, Aranceta J, Bellido D, Blay V, Carrazo R, Hormiguera X, Foz M, de Pablos PL, García Luna PP, Griera JL, López de la Torra M,
Martínez JA, Remesar X, Tebar J, Vidal J. Consenso SEEDO 2007 para la evaluación del sobrepeso y la obesidad y el establecimiento de criterios de intervención terapeútica. Rev Esp Obs 2007:7-48.
21.-García OP, Long KZ, Rosado JL. Impact of micronutrient deficiencies on obesity. Nutr Rev 2009; 67(19):559-72.
22.- Kiser L. What can binational studies reveal about acculturation food insecurity, and diet?. J Am Diet Assoc 2009; 12 (109): 1997-9.

 


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Autor/es

José Manuel Ávila Torres
Beatriz Beltrán de Miguel
Susana del Pozo de la Calle
Rocío Estévez Santiago
Alberto Jerez Fernández
Lucía Martínez Galdeano
Emma Ruiz Moreno
Carmen Cuadrado Vives


Fuente:

FEN (Fundación Española de la Nutrición)


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