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4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS.
4.1. Estudio dietético.
4.1.1. Consumo por grupos de alimentos.
El grupo mayoritariamente consumido tanto en mujeres como en
hombres es el de leche y derivados (332±160 g y 289±143 g,
respectivamente), probablemente debido al mayor contenido de
agua de este grupo de alimentos (Tabla 2). Le sigue el grupo de
verduras y hortalizas, con un consumo de 183±131 g en mujeres y
274±263 g en hombres.

Como se observa en la Tabla 2, los hombres presentaron un consumo
superior de cereales y derivados, huevos, verduras y hortalizas, carne y
derivados, bebidas alcohólicas, bebidas sin alcohol, condimentos y
aperitivos, aunque las diferencias no llegaron a ser significativas. Las
mujeres consumieron más leche y derivados, dulces, grasas y aceites,
legumbres, frutas, pescado, aunque tampoco se encontró significación
estadística.
Aunque no se efectuó un estudio pormenorizado por alimentos, el
procesamiento de datos mostró que tras el proceso migratorio, los
inmigrantes conservaban unos hábitos alimentarios propios de la cultura de
origen, reflejados en las recetas culinarias utilizadas en la elaboración de las
comidas, a la vez que modificaban otros.
El consumo de frutas y verduras es uno de los aspectos más relevantes
en la promoción de una dieta saludable, tanto en la edad adulta como en
la infancia. Para la población española se recomienda un consumo mínimo
de 300 g/día de verduras y hortalizas, y de 400 g/día en el caso de las
frutas (Aranceta J, 1995). Estas recomendaciones no se alcanzan en
ninguna de las muestras, especialmente en las mujeres, donde el consumo
medio de verduras es de 183,1±131,8 g/día; y de 193,0±207,9 g/día el de
frutas. En este sentido, el abandono del hábito de consumir zumos de fruta
naturales durante las comidas, referido en otros estudios realizados en
población latinoamericana, y el incremento del consumo de bebidas dulces
(zumos envasados y refrescos), observado en otros colectivos de
inmigrantes, podría estar influyendo también en esta muestra en unas
ingestas inadecuadas de fruta fresca (Instituto de Salud Pública, 2003).
Una de las características de las actuales dietas occidentales es un
excesivo consumo de alimentos de origen animal, que se pone de
manifiesto en los consumos registrados en la muestra de carnes y productos
cárnicos (174,7±116.7 g/día en mujeres y 199,9±147,2 g/día en hombres),
similares cuantitativamente a los datos de consumo de la población
española (Varela y col, 2008).
Con un menor consumo total de alimentos, valorado en gramos, con
respecto al consumo del panel de consumo alimentario (2008) llama la
atención que, sin embargo haya grupos de alimentos con un mayor
consumo como es el caso de las legumbres en los que la media nacional fue
de 8,6 g, inferior a los casi 29 g de las mujeres extranjeras de este trabajo
y a los 17 g de los hombres, cifras que sin embargo, parecen ajustarse a las
4 raciones semanales detalladas en el estudio de inmigrantes realizado por
el MAPA recientemente (MARM, 2007; Varela y col 2008).
Existe un bajo consumo de pescados y mariscos, ya que este grupo de
alimentos no entra a formar parte de los más consumidos en la cocina de
origen de la población sudamericana-sobre todo en las zonas no costeras-,
con el mayor peso en la muestra estudiada.
El consumo de precocinados también resulta inferior al encontrado en
el consumo nacional, lo que puede estar relacionado con el nivel
socioeconómico de la muestra estudiada (Varela y col, 2008).
Es de destacar el elevado consumo de bebidas no alcohólicas
consumidas entre la población, que coincide con lo encontrado en otras
poblaciones semejantes. Así, en otro estudio de población inmigrante de la
Comunidad de Madrid se refiere una sustitución de los zumos de fruta por
bebidas carbonatadas entre los ecuatorianos y colombianos (Instituto de
Salud Pública, 2003).
4.1.2. Ingesta de energía y nutrientes y adecuación a las Ingestas Recomendadas (IR).
No se observaron diferencias significativas en la ingesta de
energía y nutrientes en mujeres y hombres (Tabla 3). El
consumo energético medio fue de 1.916 ±618 Kcal en mujeres,
contenido inferior que la muestra de los hombres (2.089±672
Kcal), aunque sin significación estadística.

En ambos casos, la ingesta de energía media es inferior a las recomendaciones, especialmente en los hombres (p<0,05), en los que supone un 70,4±22,8% de las IR (un 85,3±27,6% en las mujeres (p<0,05) (Tabla 4).

La ingesta de proteínas en la muestra total superó la IR, tanto en chicos
como en chicas (153±51,1 % y 188±76,3 %, respectivamente), aunque en
ningún caso con significación estadística.
Con respecto a la ingesta de micronutrientes se encuentran diferencias
entre sexos en el aporte de hierro a las IR (mujeres 67,6±37,2%; 114,6±49,9%
en hombres; p<0,01) y en el de vitamina B2 (113.9±61.8% mujeres; 80,8±32,5%
en hombres; p<0,05). La diferencia es casi significativa para la vitamina B1.
En las mujeres las ingestas medias de hierro, magnesio, zinc, potasio,ácido fólico, vitamina D y vitamina E no alcanzaron el 80% de las IR (Tabla 4)
y en los hombres no alcanzaron este valor las ingestas de magnesio, zinc, ácido fólico, vitaminas B2, A y D. En las mujeres, la ingestas medias de
calcio, y vitaminas B6 presentaron una situación marginal (80-90% IR).
Por encima de las IR se encuentran las ingestas de fósforo, niacina,
vitamina B1 2 y vitamina C en hombres y mujeres.
Al realizar el análisis de la dieta es importante recordar que, cuando la
ingesta media diaria de un grupo no alcanza el 80% de las IR, la situación
se puede considerar como deficitaria, aunque es recomendable confirmar
esa desviación con estudios individuales bioquímicos, antropométricos y
clínicos (Carbajal A, 2003).
Las ingestas de energía fueron inferiores a las encontradas en el último
estudio de inmigrantes del MARM (Varela G, 2009) en el 2009 aunque la
comparación no es totalmente correcta, al usar dos métodos distintos de
recoger la información sobre la ingesta dietética: recuerdo de 24 horas en la
muestra de este trabajo y fecuencia de consumo en la dirigida por el MARM.
La adecuación media a las ingestas recomendadas de energía fue deficiente,
especialmente en los hombres, en los que prácticamente no se llegó a cubrir
las recomendaciones en prácticamente la totalidad de la muestra. Este
resultado tan preocupante podría ser debido a varias causas:
- Una infraestimación de la ingesta energética por la dificultad de lenguaje
al expresar lo comido el día anterior.
- Una sobreestimación de la actividad física realizada por el entrevistado.
- Una infraestimación de los ingredientes de las recetas que los entrevistados
utilizan en la preparación de sus platos, por parte del personal encargado
de la codificación de las mismas.
- Un reflejo de bajo consumo en general de los distintos grupos de alimentos.
Para aclarar este tema resulta necesario un conocimiento más profundo
de los hábitos alimentarios de los inmigrantes así como de las recetas más
utilizadas por los mismos para favorecer y facilitar la codificación de
recuerdos, disminuyendo los sesgos. Ante la falta de información
disponible en la actualidad, nuestro grupo de investigación está trabajando
en esa línea.
La elevada cobertura de las IR de proteínas concuerda con el modelo de
consumo que viene caracterizando las dietas de las sociedades desarrolladas
y que se manifiesta incluso en el caso de la muestra inmigrante. Este dato
es importante ya que un exceso de proteínas podría favorecer el desarrollo
de osteoporosis, por lo que parece prudente no superar el doble de las
recomendaciones aconsejadas (Heaney RP y col, 2008).
En numerosos estudios se ha puesto en evidencia los beneficios de fibra
para la salud (Bingham y col, 2003; Meyer y col, 2000). La disminución en
el consumo de cereales en general, y de formas integrales en particular,
hace necesario que la ingesta recomendada de fibra se sitúe por encima de
25 g/día. En nuestro estudio, ninguna de las submuestras alcanzó dicha
recomendación. Actualmente, en España la ingesta de fibra es baja a pesar
del elevado consumo de frutas y verduras. En nuestro estudio, el consumo
de fibra está incluso por debajo del consumo nacional debido al bajo
consumo de cereales, verduras y hortalizas (Varela y col, 2008).
La presencia de varias deficiencias en micronutrientes, descritas en los
resultados sitúan a esta población inmigrante como un grupo de especial
riesgo nutricional que requiere un seguimiento específico. Hay que tener en
cuenta que una nutrición inadecuada puede afectar negativamente no sólo
a la salud sino también a la capacidad de trabajo, atención, memoria y
rendimiento físico del trabajador, lo que incidirá indirectamente en la
productividad. Según algunos estudios, la productividad de quien se nutre
de forma deficiente puede reducirse hasta un 20% (Wanjek C, 2005).
Las coberturas deficitarias de la IR de vitamina D dietética en todas
las submuestras podrían estar indicando un consumo insuficiente de leche
y derivados lácteos y de pescados, en particular grasos. Pero para valorar
el estado nutricional de esta vitamina sería necesario valorar la
procedente de la síntesis solar que, en nuestro país constituye la principal
fuente de este nutriente (Cuadrado C y col, 2003).
4.1.3. Perfil calórico.
La contribución energética de los macronutrientes y el alcohol a la energía
total de la dieta no presenta diferencias significativas entre la muestra de
chicos (17±6% de proteínas, 34±9% lípidos, 47±1% hidratos de carbono y 2±6%
del alcohol) y la de chicas (16±4%, 37±8%, 47±8% y 1±2%, respectivamente)
( Tabla 5).

El perfil calórico se aleja del recomendado lo que podría estar contribuyendo
al asentamiento de hábitos inadecuados. Como media todos los participantes
presentaron un elevado aporte de lípidos, de manera que la contribución
energética de los lípidos a la energía total de la dieta superó el valor
recomendado del 30% en toda la muestra. Por otra parte, la contribución de
los hidratos de carbono a la energía total no alcanzó en ningún caso el valor
recomendado del 50-55% de la ingesta energética total.
4.1.4. Perfil lipídico.
El aporte calórico de las diferentes grasas al total de la energía no
presenta diferencias significativas entre la muestra de hombres (AGS
12±5%; AGM 12±3%; AGP 7±3%) y de mujeres (AGS 14±4%; AGM 13±3% y
AGP 6±3%) (Tabla 6).

En España, se recomienda que los AGS aporten entre un 7% y 8% de la
energía total de la dieta, los AGP hasta un 5% y que el resto (15%-20%)
proceda de los AGM (Moreiras y col, 2007). Sin embargo, a pesar de que la
contribución energética de las grasas monoinsaturadas no fue demasiado
pequeña, el aporte de las grasas saturadas tampoco lo fue (13,5±3,8 %) y
el perfil lipídico no se adapta a la recomendación.
De estas cifras se deduce que el elevado aporte de las grasas en la dieta
influyó en la contribución de las distintas fracciones de ácidos grasos,
aumentando en especial los AGS y AGP.
4.1.5. Contribución energética de las diferentes comidas del día a la energía total diaria.
La ingesta dietética se reparte entre 3 y 5 comidas principales, siendo
el almuerzo el responsable del mayor aporte energético (hombres:
38,1±16%;mujeres: 37,3 ±13,3%) (Tabla 7) y la comida menos omitida,
siguiéndole la cena y el desayuno. Media mañana y merienda fueron
consumidas por un 51,5% y un 53,9%, respectivamente. Un 32,4% de la
muestra declaró tomar algo entre horas.

La tabla 7 muestra cómo, de forma general, los participantes del
estudio mantienen la importancia de la comida del mediodía o almuerzo
como la principal del día, aportando más del 30% de la energía total diaria
y se adaptan de forma general al patrón alimentario de los españoles,
confirmando lo encontrado en otros trabajos (Varela y col, 2009).
La contribución energética media de los desayunos fue inferior al valor
recomendado del 25% de la energía total diaria. Por tanto, al igual que en
otros colectivos como es la población infantil, es necesario aquí incidir en
la importancia de realizar un desayuno correcto. Un desayuno escaso suele
asociarse a consumos inadecuados de alimentos a lo largo del día y en
algunos trabajos se relaciona con una mayor prevalencia de sobrepeso y
obesidad (Huang CJ y col, 2010).
Si bien el aporte energético del desayuno fue insuficiente, la media
mañana estuvo en torno al 10% recomendado. La contribución energética
del almuerzo, la merienda y la cena son adecuados pues se situaron en
torno al 30%, 10% y 25%, respectivamente, porcentajes establecidos en los
objetivos o guías nutricionales (Pinto y col, 2003).
La ingesta entre horas, que en nuestra muestra alcanzó como media un
13,1% y un 16,1% del aporte calórico diario, en mujeres y hombres,
respectivamente, fue realizado por un 32,4% de la muestra, no parece
afectar a la contribución energética de las comidas, y cenas. Estos
resultados permiten una discusión positiva o negativa que requiere una
valoración minuciosa. Por una parte, algunos autores sugieren que el “picoteo” entre horas podría completar el déficit energético originado por
la omisión de una comida y completar la ingesta de algunos nutrientes como
el hierro, magnesio, calcio y vitamina B6, lo que no ocurre con los
inmigrantes de nuestro estudio que no satisfacen las IR de ninguno de los
anteriores nutrientes. Por otra parte, el control de la calidad nutricional de
los snacks o tentempiés puede colaborar al control de la ingesta energética
excesiva, previniendo la aparición de sobrepeso (Wang YC y col, 2006).
4.2. Estudio antropométrico.
Los datos de composición corporal reflejan diferencias significativas en
peso (p<0.05),talla (p<0.01) y en el Índice de Masa Corporal superiores en
hombres (Tabla 8).

La prevalencia de obesidad, definida por un IMC superior a 30 Kg/m2
(Rubio MA y col, 2007), fue de 15,9% en mujeres y 20,8% en hombres y de
sobrepeso (IMC 25-30 kg/m2) 34.1% de mujeres y 37,5% en hombres. Por
tanto, un 50% de las mujeres fueron catalogados con un peso por encima
del considerado normal y un 58,3% de los hombres están en la misma
situación. Tan sólo 2 mujeres (4,5%) y 1 hombre (4,2%) tuvieron un IMC
inferior a 20 Kg/m2. El hecho de que, a pesar de las bajas ingestas
observadas en los participantes, el IMC de la muestra refleja una
importante prevalencia de sobrepeso refrenda la idea compartida con
otros trabajos de que sobrepeso y déficit de micronutrientes son
compatibles (García OP y col, 2009).
5. CONCLUSIONES.
Se deben continuar realizando nuevos estudios dietéticos que permitan
completar la valoración del estado nutricional de este colectivo de
población emergente, y a su vez realizar intervenciones que fomenten el
uso de alimentos que incluyan los nutrientes en los que estas poblaciones
son más deficitarios para mejorar la calidad de la dieta consumida, para lo
que es imprescindible contar con la colaboración de la administración,
industria y comunidad científica.
A pesar de la integración paulatina que hemos puesto de manifiesto con
la presente investigación sobre la población inmigrante en nuestro país, no
dejan de tener sus propias aspiraciones, creencias y valores. De modo que,
la comprensión de todos estos valores es imprescindible para el
acercamiento a este segmento de población emergente.
El comportamiento alimentario no es homogéneo para todos los grupos
de procedencia, ya que aquellos procedentes de América Central y del Sur
declaran una mayor integración de las costumbres culinarias españolas. Se
necesitan, por tanto, estudios desagregados por población de origen así
como estudios binacionales (Kiser L, 2009) -propuestos ya por otros
investigadores- que estudien la situación alimentaria y nutricional de la
población emigrante, en su lugar de origen y a su llegada a la de destino.
6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
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Autor/es
José Manuel Ávila Torres
Beatriz Beltrán de Miguel
Susana del Pozo de la Calle
Rocío Estévez Santiago
Alberto Jerez Fernández
Lucía Martínez Galdeano
Emma Ruiz Moreno
Carmen Cuadrado Vives
Fuente:
FEN (Fundación Española de la Nutrición)
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